EDITORIAL
Santiago Warria, 3 de Junio de 2000


Cada cierto tiempo los mapuche recibimos golpes que nos dejan atontados por la rudeza de los mismos, golpes que no necesariamente son físicos y por ello a veces duelen mas. Desde esa perspectiva, el historiador Sergio Villalobos se ha encargado de recordarnos que la condición de derrotados es una condición sine qua non de las relaciones sociales entre mapuche y winka.

Pero, ¿qué honor tiene el ejercitar la prepotencia?, ¿ello no es acaso una actividad cruel e ingnominiosa?, ¿acaso una pelea desigual no deshonra al que tiene mas poder?. No hay honor alguno en abusar del poder, no hay honor en el ensañamiento del poderoso frente al desprotegido, simplemente no tiene gracia la fuerza usada con escasa hidalguía.

Los mapuche estamos ciertamente acostumbrados a este ejercicio ya tan común que no asombra ni sorprende a nadie, no asombra a nadie que un carabinero de Fuerzas Especiales golpeé a una mujer mapuche o que trate como delincuentes a niños de 13 años que defienden el territorio que alguna vez fue de sus abuelos.

Los mapuchólogos (entiéndase como aquellos intelectuales no mapuche que nos usan como sus unidades observacionales y como objetos de estudio) tampoco han sido más honorables, ¿cuanto del conocimiento acumulado ha sido generado por mapuche?, ¿a cuantos debates académicos se invita a la intelectualidad mapuche?. Es fácil hablar de la problemática mapuche, sentado confortablemente detrás del escritorio, siendo un intelectual asalariado y legitimándose con el sufrimiento de todo un pueblo.

Una mujer mapuche argentina dijo algo que tiene especial significado hoy día, esta humilde y valiente mujer dijo alguna vez en un seminario algo así como... “no queremos más que los intelectuales que nos tiendan la mano, sino que nos saquen las manos de encima”...  Cuanta verdad hay en sus palabras, es una constatación tan cruda y real que muy poco mas se puede decir.  Solo resta decir que la prepotencia genera impotencia y con la impotencia no se juega...

Ver aquí la respuesta al artículo del Historiador Sergio Villalobos publicado en el Mercurio de Santiago de Chile, el domingo 14 de Mayo del 2000.

Comité editorial.
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